Consumir grandes cantidades de soja podría disminuir el riesgo de
desarrollar un problema respiratorio conocido como enfermedad pulmonar
obstructiva crónica (EPOC), informaron investigadores.
El tabaquismo es el principal factor de riesgo de EPOC, señaló el equipo
del doctor Andy H. Lee, de la Curtin University of Technology, en
Perth, Australia, en su artículo publicado en la revista Respiratory
Research.
"Otros factores, como la dieta y la exposición ambiental protegerían o
contribuirían al desarrollo de la enfermedad", añadieron los expertos.
El equipo estudió a 278 pacientes con EPOC (244 hombres y 34 mujeres) de
entre 50 y 75 años, diagnosticados en los últimos cuatro años. Los
autores también reclutaron a 340 personas (272 hombres y 68 mujeres) sin
la enfermedad.
El grupo de control consumía más soja por día (alrededor de 60 gramos)
que los pacientes con EPOC (alrededor de 45 gramos). El riesgo de EPOC
se veía significativamente reducido entre aquellas personas que comían
más soja.
Disminuciones similares en el riesgo de EPOC se registraron con una
mayor ingesta de tofu y brotes de soja. Cuanta más soja consumía la
gente, menores problemas respiratorios tenían, particularmente falta de
aire.
"El consumo habitual de alimentos en base a soja (...) puede tener un
impacto importante sobre los costos de los sistemas de atención médica
relacionados con la morbilidad y la muerte por esta enfermedad", dijo
el doctor Lee.
"Se recomiendan estudios de seguimiento a largo plazo para evaluar si la
ingesta de soja puede extender la supervivencia de los pacientes ya
diagnosticados con EPOC", añadió el investigador.
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miércoles, 8 de febrero de 2012
Consumo de soja reduciría el riesgo de enfermedad pulmonar
jueves, 1 de diciembre de 2011
¿Qué es la Hiperhidrosis? (Parte 2)
Entre los tratamientos para la Hiperhidrosis figuran:
• Antitranspirantes. El uso de antitranspirantes fuertes, puede reducir el sudor del paciente, pero al dejar de usarlos este reaparece. También pueden causar irritación de la piel y las grandes dosis de cloruro de aluminio que contienen, pueden estropear la ropa.
• Medicamentos. Ciertos medicamentos llamados anticolinérgicos, ayudan a prevenir la estimulación de las glándulas sudoríparas, pero aunque son efectivos con algunos pacientes, no han sido estudiados tan bien como otros tratamientos y tienen algunos efectos como: boca reseca, mareo y problemas con la micción. Por su parte, los betabloqueadores o las benzodiacepinas, ayudan a reducir la sudoración relacionada con el estrés.
• Iontoforesis. Es un procedimiento que utiliza electricidad para cerrar temporalmente la glándula sudorípara. Es más efectivo para la sudoración de las manos y pies. La terapia dura de 10 a 20 minutos y requiere varias sesiones. Tiene algunos efectos secundarios, aunque poco comunes, como ampollas y agrietamiento de la piel.
• Botox. Se emplea en el tratamiento de sudoración intensa en axilas (hiperhidrosis axilar primaria). Consiste en inyectar pequeñas dosis de toxina botulínica purificada debajo del brazo, lo cual bloquea temporalmente los nervios que estimulan la sudoración. Entres sus efectos secundarios se incluyen: dolor en el sitio de la inyección y síntomas similares a la gripe.
• Simpatectomía torácica endoscópica (STE). Se emplea en casos graves de hiperhidrosis, cuando otros tratamientos fallan. Es un procedimiento quirúrgico mínimamente invasivo que cierra la señal que le ordena al cuerpo sudar excesivamente. Por lo general se lleva a cabo en pacientes cuyas palmas de las manos sudan mucho más copiosamente de lo normal. También se puede utilizar para tratar la sudoración extrema de la cara. Este tratamiento no funciona igual de bien en caso de sudoración excesiva de axilas.
• Antitranspirantes. El uso de antitranspirantes fuertes, puede reducir el sudor del paciente, pero al dejar de usarlos este reaparece. También pueden causar irritación de la piel y las grandes dosis de cloruro de aluminio que contienen, pueden estropear la ropa.
• Medicamentos. Ciertos medicamentos llamados anticolinérgicos, ayudan a prevenir la estimulación de las glándulas sudoríparas, pero aunque son efectivos con algunos pacientes, no han sido estudiados tan bien como otros tratamientos y tienen algunos efectos como: boca reseca, mareo y problemas con la micción. Por su parte, los betabloqueadores o las benzodiacepinas, ayudan a reducir la sudoración relacionada con el estrés.
• Iontoforesis. Es un procedimiento que utiliza electricidad para cerrar temporalmente la glándula sudorípara. Es más efectivo para la sudoración de las manos y pies. La terapia dura de 10 a 20 minutos y requiere varias sesiones. Tiene algunos efectos secundarios, aunque poco comunes, como ampollas y agrietamiento de la piel.
• Botox. Se emplea en el tratamiento de sudoración intensa en axilas (hiperhidrosis axilar primaria). Consiste en inyectar pequeñas dosis de toxina botulínica purificada debajo del brazo, lo cual bloquea temporalmente los nervios que estimulan la sudoración. Entres sus efectos secundarios se incluyen: dolor en el sitio de la inyección y síntomas similares a la gripe.
• Simpatectomía torácica endoscópica (STE). Se emplea en casos graves de hiperhidrosis, cuando otros tratamientos fallan. Es un procedimiento quirúrgico mínimamente invasivo que cierra la señal que le ordena al cuerpo sudar excesivamente. Por lo general se lleva a cabo en pacientes cuyas palmas de las manos sudan mucho más copiosamente de lo normal. También se puede utilizar para tratar la sudoración extrema de la cara. Este tratamiento no funciona igual de bien en caso de sudoración excesiva de axilas.
jueves, 17 de noviembre de 2011
¿Existe alguna conexión entre sufrimiento y enfermedad?
Aunque la ciencia no ha logrado demostrar que exista una relación entre
el estrés y el sufrimiento con la aparición y el peor pronóstico de un
cáncer, ambos sentimientos sí son causa directa o indirecta de otro tipo
de patologías.
De menor a mayor gravedad, la primera patología que se puede achacar a un evento psicológico es el resfriado común. Diversos estudios han demostrado que un acontecimiento adverso puede no sólo causar una depresión psiquiátrica sino, también, afectar al sistema inmunológico y hacer que el cuerpo sea menos hábil a la hora de luchar contra virus y bacterias.
Afirma A.I. en Público que es aceptado por la comunidad científica que las personas tristes o deprimidas sufren más resfriados.
La medicina psicosomática es la disciplina que trata la relación entre las emociones y las patologías orgánicas. El término psicosomático fue acuñado en 1918 y ha gozado de una reputación desigual hasta hace relativamente poco tiempo. Según la médico y psicoanalista Alejandra Menassa especialista en este campo, a las personas les cuesta creer que los procesos psíquicos "en su insistencia, pueden producir crisis somáticas".
Sin embargo, la experta recurre a algo tan común como el rubor para explicar la evidencia. "El proceso se ve muy claro cuando nuestro rostro se ruboriza al escuchar una determinada frase", apunta.
Para Menassa, no se puede decir que los acontecimientos traumáticos provoquen en sí enfermedades, pero sí que lo hace "la manera que tiene cada uno de reaccionar ante tal suceso". Define las patologías psicosomáticas como aquellas desencadenadas "más por la angustia que por la depresión" y, entre ellas, destaca la hipertensión. La depresión facilita mecanismos que pueden predisponer a un episodio cardiaco.
El vicepresidente de la Sociedad Española de Cardiología (SEC), Francisco Chorro, señala por su parte que hay estudios que demuestran que una situación de depresión por un acontecimiento grave facilita diversos mecanismos que pueden predisponer a sufrir una afección cardíaca.
Estos van desde variaciones en el sistema nervioso vegetativo hasta cambios en la inmunidad o en la inflamación. Sin embargo, la prudencia vuelve a imperar a la hora de establecer un nexo directo entre sufrimiento y enfermedad. Por eso, para Chorro, dichas conexiones no son "claras y rotundas". "Lo más prudente es decir que en algunos estudios se han observado y en otros no".
Respecto a si la depresión empeora el pronóstico de quien ya ha sufrido un evento cardiovascular, el vicepresidente de la SEC cree que "predominan los trabajos que no logran demostrarlo".
De menor a mayor gravedad, la primera patología que se puede achacar a un evento psicológico es el resfriado común. Diversos estudios han demostrado que un acontecimiento adverso puede no sólo causar una depresión psiquiátrica sino, también, afectar al sistema inmunológico y hacer que el cuerpo sea menos hábil a la hora de luchar contra virus y bacterias.
Afirma A.I. en Público que es aceptado por la comunidad científica que las personas tristes o deprimidas sufren más resfriados.
La medicina psicosomática es la disciplina que trata la relación entre las emociones y las patologías orgánicas. El término psicosomático fue acuñado en 1918 y ha gozado de una reputación desigual hasta hace relativamente poco tiempo. Según la médico y psicoanalista Alejandra Menassa especialista en este campo, a las personas les cuesta creer que los procesos psíquicos "en su insistencia, pueden producir crisis somáticas".
Sin embargo, la experta recurre a algo tan común como el rubor para explicar la evidencia. "El proceso se ve muy claro cuando nuestro rostro se ruboriza al escuchar una determinada frase", apunta.
Para Menassa, no se puede decir que los acontecimientos traumáticos provoquen en sí enfermedades, pero sí que lo hace "la manera que tiene cada uno de reaccionar ante tal suceso". Define las patologías psicosomáticas como aquellas desencadenadas "más por la angustia que por la depresión" y, entre ellas, destaca la hipertensión. La depresión facilita mecanismos que pueden predisponer a un episodio cardiaco.
El vicepresidente de la Sociedad Española de Cardiología (SEC), Francisco Chorro, señala por su parte que hay estudios que demuestran que una situación de depresión por un acontecimiento grave facilita diversos mecanismos que pueden predisponer a sufrir una afección cardíaca.
Estos van desde variaciones en el sistema nervioso vegetativo hasta cambios en la inmunidad o en la inflamación. Sin embargo, la prudencia vuelve a imperar a la hora de establecer un nexo directo entre sufrimiento y enfermedad. Por eso, para Chorro, dichas conexiones no son "claras y rotundas". "Lo más prudente es decir que en algunos estudios se han observado y en otros no".
Respecto a si la depresión empeora el pronóstico de quien ya ha sufrido un evento cardiovascular, el vicepresidente de la SEC cree que "predominan los trabajos que no logran demostrarlo".
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